En sus libros La partición de las artes y El sentido del mundo, Jean-Luc Nancy persigue la posibilidad de poner en práctica una escritura sobre el arte (y un nuevo arte de la escritura) que supere las trampas de la representacionalidad, un rasgo propio de la modernidad occidental, aproximándose a lo que podemos nombrar una semiótica material. En “Un día, los dioses se retiran..”, escribe que «crear conceptos, traer lenguas a maltrear, aguzar los estilos, agujerear el pensamiento»1 es tanto un trabajo y una fiesta, una cuestión de impetuosidad y de puesta fuera de sí, resonado con la escritura como práctica intempestiva en el sentido Nietzschiano, siempre gaia ciencia, práctica afirmativa o vitalista. Cuando Deleuze habla de la vida como obra de arte recoge esta noción para plantear que la filosofía es un acto de pensamiento ligado a lo actual2 y «la irrupción de un devenir en estado puro»3. Por eso Nancy piensa en términos de lo abierto y advierte sobre el riesgo de que la teoría no contamine dicha praxis. En El sentido del mundo agrega que «lo abierto vuelve apretada, trenzada, estrechamente articulada, la estructura del sentido en tanto sentido del mundo»4, se abre a lo múltiple, a lo no meramente teórico o significante.
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