EXCRITURAS Y OTROS MODOS DE ESCRIBIR (SOBRE) EL ARTE

En sus libros La partición de las artes y El sentido del mundo, Jean-Luc Nancy persigue la posibilidad de poner en práctica una escritura sobre el arte (y un nuevo arte de la escritura) que supere las trampas de la representacionalidad, un rasgo propio de la modernidad occidental, aproximándose a lo que podemos nombrar una semiótica material. En “Un día, los dioses se retiran..”, escribe que «crear conceptos, traer lenguas a maltrear, aguzar los estilos, agujerear el pensamiento»1 es tanto un trabajo y una fiesta, una cuestión de impetuosidad y de puesta fuera de sí, resonado con la escritura como práctica intempestiva en el sentido Nietzschiano, siempre gaia ciencia, práctica afirmativa o vitalista. Cuando Deleuze habla de la vida como obra de arte recoge esta noción para plantear que la filosofía es un acto de pensamiento ligado a lo actual2 y «la irrupción de un devenir en estado puro»3. Por eso Nancy piensa en términos de lo abierto y advierte sobre el riesgo de que la teoría no contamine dicha praxis. En El sentido del mundo agrega que «lo abierto vuelve apretada, trenzada, estrechamente articulada, la estructura del sentido en tanto sentido del mundo»4, se abre a lo múltiple, a lo no meramente teórico o significante.

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LA CRÍTICA COMO FABULACIÓN DE MUNDOS

En su conferencia de 1969, ¿Qué es la crítica?, Foucault identifica en Kant la base de dos tradiciones críticas de la filosofía moderna: la analítica de la verdad (que se preocupa por la posibilidad de un conocimiento verdadero) y la ontología del presente (cuyo enfoque es la actualidad). Mientras que la preocupación kantiana por la crítica se insertaba principalmente en la primera, es la segunda la que a Foucault le interesa rescatar, reclamándola a la caracterización de la Ilustración. Esta es una crítica en la que, podemos decir, se inserta su trabajo —él, que se nombra más como crítico que como filósofo aunque, todavía, dice no estar dotado para ella—, así como los aportes de Nietzsche y la Escuela de Frankfurt. Su trabajo, a través de la arqueología, la estrategia y la genealogía, tiene que ver así con diagnosticar el presente, más que con comprenderlo. Esto es, no obstante, algo que no tiene que ver con una temporalidad lineal en la que el presente está determinado, necesariamente, por un pasado. Por eso para Foucault, no basta con preguntarse “¿por obra de qué error, ilusión, olvido, por obra de qué defectos de legitimidad el conocimiento llega a inducir efectos de dominación manifestados en el mundo moderno por el influjo de la techne?” (72).

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