En su conferencia de 1969, ¿Qué es la crítica?, Foucault identifica en Kant la base de dos tradiciones críticas de la filosofía moderna: la analítica de la verdad (que se preocupa por la posibilidad de un conocimiento verdadero) y la ontología del presente (cuyo enfoque es la actualidad). Mientras que la preocupación kantiana por la crítica todavía se insertaba de alguna manera en la primera, es la segunda la que a Foucault le interesa rescatar, reclamándola a la caracterización de la Ilustración. Esta es una crítica en la que, podemos decir, se inserta su trabajo —él, que se nombra más como crítico que como filósofo aunque, todavía, dice no estar dotado para ella—, así como los aportes de Nietzsche y la Escuela de Frankfurt. Su trabajo, a través de la arqueología, la estrategia y la genealogía, tiene que ver así con diagnosticar el presente, más que con comprenderlo. Esto es, no obstante, algo que no tiene que ver con una temporalidad lineal en la que el presente está determinado, necesariamente, por un pasado. Por eso para Foucault, no basta con preguntarse “¿por obra de qué error, ilusión, olvido, por obra de qué defectos de legitimidad el conocimiento llega a inducir efectos de dominación manifestados en el mundo moderno por el influjo de la techne?” (72).
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