PONERSE A BUSCAR LAS LUCIÉRNAGAS

En su columna del 1 de febrero de 1975 —el mismo año en que será brutalmente asesinado—, publicada en el Corriere de la Sera1, Pasolini escribe que entender la transformación del fascismo a partir de la II Guerra mundial requiere prestar atención a las luciérnagas. Desde principios de los años 60, con la contaminación del aire y el agua, y su impacto en el campo, comenzaron a desaparecer las luciérnagas (un fenómeno, dice, rápido y deslumbrante), pero para el año en que escribe el artículo habrían ya desaparecido. Así, la mutación del fascismo fascista —desde Mussolini— al fascismo democrático o de Estado –de una Italia unificada e industrializada— está ligada a dos etapas clave: aquella que va desde la Guerra y la desaparición de las luciérnagas y, la segunda, desde la desaparición de las luciérnagas hasta entonces. En un primer momento, dice, fueron clave los valores fascistas (que además le garantizaban apoyo al Vaticano), “la Iglesia, la Patria, la familia, la obediencia, la disciplina, el orden, el ahorro y la moral”, pues estos estaban atados a las culturas particulares y concretas que conformaban una “Italia arcaicamente agrícola y paleoindustrial” y a un ejército nacionalista. No obstante, “los hombres de poder democristianos pasaron de la fase de las luciérnagas a la fase de la desaparición de las luciérnagas sin darse cuenta”, por medio de ejércitos transnacionales y policías tecnócratas. Ya no se trataba de una sociedad orientada por la familia, obligada al ahorro y la moralidad, sino por el poder del consumo, “llevando a Italia al desastre económico, ecológico, urbanístico y antropológico”. A Pasolini le preocupa espacialmente la homogeneización de la diversidad, la inclusión a una sola visión y estilo de vida de comunidades marginales como con las que había trabajado en sus primeras películas y que, como las luciérnagas, habían ido desapareciendo.

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NECESIDAD DE TRANSGRESIÓN

El 2 de noviembre de 1975 fue encontrado en la playa de Ostia, en las afueras de Roma, el cuerpo de un hombre. Había sido golpeado con una barra de metal, quemado vivo y luego atropellado múltiples veces con su propio auto. Fue reconocido pocas horas después: era el renombrado intelectual y cineasta Pier Paolo Pasolini.

La película Pasolini, recientemente agregada a Netflix y protagonizada por Willem Dafoe, reconstruye sus últimos días de vida. En esta, el director italiano acaba de terminar de filmar Salò, su película más irreverente y controversial, y se encuentra en el proceso de escribir los guiones de otras dos películas. Se nos muestra a un Pasolini tranquilo y enfocado de lleno en su proceso creativo, como puede vérsele en las entrevistas disponibles en línea. Pero la vida de il poeta fue tormentosa, estuvo marcada por la persecución. Es por ello que su trabajo aborda siempre el tema de la opresión y se encarga de darles voz a aquellos a los que Deleuze se refería como «los que faltan». Él mismo pertenecía a ese grupo: era pobre, ateo, comunista y homosexual. Su trabajo no es, empero, una crítica gratuita contra todo lo que estaba en su contra. Pasolini poseía esa escasa capacidad de visualizar y manifestar su propio tiempo para recrearlo con feroz honestidad. Como decía la presentación de su primera película, Accattone (1961), el suyo era un cine que no nacía del mundo del cine, sino de la experiencia poética.

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