PONERSE A BUSCAR LAS LUCIÉRNAGAS

En su columna del 1 de febrero de 1975 —el mismo año en que será brutalmente asesinado—, publicada en el Corriere de la Sera1, Pasolini escribe que entender la transformación del fascismo a partir de la II Guerra mundial requiere prestar atención a las luciérnagas. Desde principios de los años 60, con la contaminación del aire y el agua, y su impacto en el campo, comenzaron a desaparecer las luciérnagas (un fenómeno, dice, rápido y deslumbrante), pero para el año en que escribe el artículo habrían ya desaparecido. Así, la mutación del fascismo fascista —desde Mussolini— al fascismo democrático o de Estado –de una Italia unificada e industrializada— está ligada a dos etapas clave: aquella que va desde la Guerra y la desaparición de las luciérnagas y, la segunda, desde la desaparición de las luciérnagas hasta entonces. En un primer momento, dice, fueron clave los valores fascistas (que además le garantizaban apoyo al Vaticano), “la Iglesia, la Patria, la familia, la obediencia, la disciplina, el orden, el ahorro y la moral”, pues estos estaban atados a las culturas particulares y concretas que conformaban una “Italia arcaicamente agrícola y paleoindustrial” y a un ejército nacionalista. No obstante, “los hombres de poder democristianos pasaron de la fase de las luciérnagas a la fase de la desaparición de las luciérnagas sin darse cuenta”, por medio de ejércitos transnacionales y policías tecnócratas. Ya no se trataba de una sociedad orientada por la familia, obligada al ahorro y la moralidad, sino por el poder del consumo, “llevando a Italia al desastre económico, ecológico, urbanístico y antropológico”. A Pasolini le preocupa espacialmente la homogeneización de la diversidad, la inclusión a una sola visión y estilo de vida de comunidades marginales como con las que había trabajado en sus primeras películas y que, como las luciérnagas, habían ido desapareciendo.

Continue reading →

LECCIONES DE LA MUERTE Y LA EXTINCIÓN

La mayor parte de mi infancia transcurrió rodeada de canarios. Los canarios de mi abuela paterna o de mi abuelo materno (quien eventualmente me regaló uno que murió demasiado pronto) musicalizaron los juegos en un jardín o en un garaje. Más adelante, mi hermana y luego mi madre, se interesaron por el avistamiento de aves y pronto llegaron a dominar la habilidad de reconocerlas por su aspecto o sus sonidos. Esta es una pasión contagiosa. Actualmente también convivo con un ave, con la que sostengo conversaciones y con quien compartimos aprendizajes en mutuo intercambio, cultivando una amistad encantada. Es por esto que las historias que de una u otra manera involucran a estos seres emplumados me capturan, si bien suelen tener ese efecto en quien, aunque sea por un momento, se detiene a prestarles atención –a atenderlas–, mirándolas o escuchándolas. La riqueza y abundancia de sonidos con los que todavía son capaces de poblar los atardeceres, por ejemplo, puede ser fascinante si nos detenemos a contemplarlos.

Continue reading →