Desde que tengo memoria, las conversaciones con personas que tienden a hablar casi exclusivamente de sí mismas me han parecido de mal gusto o, en última instancia, aburridas. Aun quien se refiere a experiencias extraordinarias logra hacer del yo un monumento fijo, un panfleto vacío, una estrategia de mercadeo buscando responder a una demanda inexistente: un individuo sobresaliente alrededor del cual nada más tiene sentido o, en otras palabras, alrededor del cual todo lo demás pierde sentido. La historia caduca del amo y del esclavo… De igual manera, muchas autobiografías pecan del mismo complejo androcentrista y antropocentrista. «Quizás siempre haya quien lo cuestione: tal vez incluso sea cierto que la escritura autobiográfica es un solipsismo neurótico» escribe Marisol García Walls en Comparecencia (in)voluntaria (Ediciones La Palma, 2023).
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