Me hubiera gustado ser niña:
tener una mascota que me importara,
nombrarla con algún nombre inventado,
jugar a ponerle listones de colores.
Jugar a tener conversaciones con otros niños,
no preocuparme por nada
(pero tenía miedo).
Me hubiera gustado ser adolescente,
no tener tanta prisa.
Darme el chance de ver con ojos jóvenes el mundo,
los míos, sin robarme otros.
Escribir con un corazón joven sobre cualquier cosa:
las cosas más simples.
Enamorarme sin mayor reparo, ir a fiestas de 15,
reír con amigos –reír al menos–,
contar secretos y guardarlos
(pero tenía miedo).
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