Si pudiera establecer un molde para los sábados por la tarde
bastaría con recordar y conectar los cientos de sábados por la tarde
en los que sentada frente a un cuaderno o pantalla bombardeé lágrimas
en forma de gramática
luego suspiros, luego pausas y silencios interminables
El sol penetrando directo por una ventana,
el reflejo amarillo inundando una habitación
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