Es Perséfone quien vuelve cada año, dicen desde tiempos inmemoriales, arrastrando pájaros. El re-torno impulsa el brote de las magnolias y sus memorias mesozoicas: fósiles vivientes, archivo de escarabajos ancestrales, polinizadores previos a la existencia de las abejas. La floración, como instauración de una obra, “asegura la continuidad de la vida y […] ofrece [sus] excesos; hace que se exceda la presencia. Bajo otras formas[1]”. Futuros ancestrales[2]. Entidades jurásicas de tonos violáceos cobijan memorias de escarabajo junto a pájaros migratorios que producen mitos, que cuentan historias, que re/configuran encuentros sin posibilidad de olvido, más allá de la verdad. El devenir-pájaro de Perséfone es también el testimonio de un duelo.
Cak B’olay, el jaguar, adquiere vida en la cima donde se construyó, hace dos siglos, una iglesia católica conocida como El Calvario[3]. La población Q’eqchi’ sabe, sin embargo, que la cabeza del cerro le pertenece a Qana’ Hix, señora jaguar. Es por eso que en las escaleras y en uno de los nichos de la fachada de la iglesia los constructores mayas tallaron varios jaguares, los cuales reciben todavía ofrendas. Estos rituales, como prácticas continuas de relación, mantienen al cerro vivo y éste, a su vez, autoriza la caza de los animales y la cosecha de los frutos que lo habitan. Es en la relación cotidiana que Qana’ Hix deviene-winaq, es ahí donde su existencia se instaura. Y “la instauración permite intercambios de dones […], transacciones con muchos otros tipos de seres[4]”.
Instaurar modos de existencia es el efecto de un agenciamiento –un ensamblaje– ante una situación interrogante: una situación que compromete a responder en el sentido de hacerse responsable. Se trata de un enigma. Como apunta Deligny, es ahí donde “se ve la diferencia entre enigma y secreto. Para el enigma, ningún antónimo; el enigma permanece entero y no tiene ningún contrario”[5] y nos recuerda que “en un siglo donde lo silvestre está en peligro, […] [habría que crear] reserva de enigmas, parque natural”[6]. Entre marzo y abril de este año, millones de pelícanos, grullas y otras aves cruzaron del norte de África al suroeste de Asia[7] desviando misiles lanzados por el ejercito israelí, que las confundieron con drones. Máquinas de guerra sin captura, movimientos nomádicos de desestabilización, indisciplinas más que humanas.
Ante el déficit relacional provocado por el microfascismo algorítimico, cultivamos comunidades de extrañeza, aprendemos a avanzar des-conociendo, a cultivar el despropósito. Como dicen Deleuze y Guattari, se trata de
unirse a fuerzas del futuro, a fuerzas cósmicas. Uno se lanza, arriesga una improvisación. Improvisar es unirse al Mundo, o confundirse con él. Uno sale de su casa al hilo de una cancioncilla. En las líneas motrices, gestuales, sonoras que marcan el recorrido habitual de un niño, se insertan o brotan líneas de errancia, con bucles, nudos, velocidades, movimientos, gestos y sonoridades diferentes[8].
Líneas de errancia: vertiginosa vacilación[9], una escritura vacilante que no explica nada sino modifica relaciones, hace co-existir[10]. Re/activacion de afectos, otros modos de decir: tartamudeo, hablar zigzagueando, incluso sin voz, pues una parte del mundo ya siempre se está haciendo inteligible para otra. Como en la expresión maya: “la luna contiene lluvia[11]”. Jose Carlos Agüero agrega: “Perder la voz. Para que podamos escuchar ciertas notas, cierta presencia[12]”. Apostamos, así, por una trans-formación del lenguaje, su polimorfismo, el movimiento transitorio en que no es una cosa u otra, ese punto intermedio en el que dos mundos aparentemente incompatibles se encuentran: ahí donde surge la diferencia. “Las técnicas deben reinventarse a cada paso y el pensamiento debe saltar siempre[13]”. Transdisciplina como práctica (micro)cosmopolítica.
Los monstruos marinos agonizan en las profundidades del Estrecho de Ormuz[14]. Las minas navales y los buques ensombrecen sus rutas, los sonares de los submarinos militares hacen estallar sus órganos internos. La extinción nos coloca ante lo impensable —donde todo pensamiento posible parece clausurarse—. La maestría y el dominio se cancelan donde ya no existe forma de abordar el presente adecuadamente. Pero cuando el futuro se disuelve la memoria se desarma, la escritura, como huella, se disemina: lo indecible[15] re/articula modos de existencia, re/arma cuerpos desmembrados. Una erótica creativa: des/componer la percepción, mutación deseante, experimentación afectiva, potencia corporal en flujos intensivos. Lo que ocurre entre cuerpos, otras multiplicidades, las no presentes, las que no se invocan en las políticas de la visibilización. Ante el agotamiento y la catatonía “ese afecto es demasiado fuerte para mí”[16], otra justicia, otro movimiento, otro espacio-tiempo.
Osamu Shimomura pasó toda su vida persiguiendo la luminosidad[17]. Cuando tenía 16 años, la bomba de Nagasaki lo dejó ciego por unos segundos con un flash, seguido por una lluvia negra[18]. Como si la hidromedusa bioluminiscente que lo llevó, dos décadas después, a descubrir la bioquímica de los organismos emisores de luz, se hubiera manifestado pidiendo respuesta. Como si entre la bomba y la medusa se configurara un ensamblaje fulgurante, un modo de existencia que ya siempre persiste entre la luz y la oscuridad, como la de tantos otros hibakushas, como los desaparecidos, como las especies extintas.Fulguración: “la fuerza de ese afecto me arrastra”[19].
Quizás todavía seamos capaces de imaginar una tecnología no algorítmica que haga posibles conexiones desinteresadas, una vinculación de les condenades, cuerpos dis-capacitados por el sistema. Comunalidad nómada de disidentes, poéticas sin propiedad ni apropiación. Colectividades más que humanas, y no siempre presentes o vivas, que conjuren el Estado y su axiomática fascista. Gestos menores[20], devenires-minoritarios[21], desobediencias alegres. Vínculos moleculares de sobrevivencia. Ensamblajes cuir, transtemporales, capaces de hacer “aparecer algo que no solamente abarca [la pluralidad de los géneros de existencia], sino que se distingue de ellos y los sobrepasa[22]”. Ofrecer un plus de existencia. “Pensar –con Derrida– una revolución de la revolución, una revolución de la vida misma del tiempo, en la vida del presente viviente[23]”. Aquí, ahora. Todos los aquís y ahoras, sobrepoblados de entonces.
[1] Despret, Vinciane. Muertos a la obra. (Cactus, 2025), 14.
[2] Krenak, Ailton. Futuro ancestral. (Penguin, 2025).
[3] El Calvario está ubicado en la ciudad de Cobán en la región de Alta Verapaz, Guatemala.
[4] Latour, Bruno y Stengers, Isabel. “La esfinge de la obra”. En Souriau, Etienne. Los diferentes modos de existencia. (Cactus, 2017), 19.
[5] Deligny, Fernand. Cartas a un Trabajador social. (Cactus, 2021), 134.
[6] Deligny, Cartas, 83.
[7] Ver: https://www.instagram.com/p/DV1DH3BDE7O/?img_index=10
[8] Deleuze, Gilles y Guattari, Félix. Mil Mesetas. (Pre-Textos, 2015), 318.
[9] Despret, A la salud de los muertos (Cactus, 2023).
[10] Despret, A la salud.
[11] Jimenez y Ch’ok. Winaq, fundamentos del pensamiento maya (Universidad Rafael Landívar, 2017), 60.
[12] Agüero, Jose Carlos. Persona. (Fondo de Cultura Económica, 2017), 161.
[13] Manning, Erin. El gesto menor. (Cactus, 2025), 78.
[14] Ver: https://www.wired.me/story/marine-animals-in-the-strait-of-hormuz-dont-get-a-ceasefire
[15] Como escribe Deleuze y Guattari: “lo indecible es por excelencia el germen y el lugar de las decisiones revolucionarias” (Mil Mesetas, 476). Esto es así pues lo indecible no es axiomatizable por el capitalismo.
[16] Deleuze y Guattari, Mil Mesetas, 361
[17] Shimonura, Osamu. Luminous Pursuit Jellyfish, GFP, and the Unforeseen Path to the Nobel Prize. (Virginia Commonwealth University, 2017).
[18] Ver: https://www.nobelprize.org/prizes/chemistry/2008/shimomura/biographical/
[19] Deleuze y Guattari, Mil Mesetas, 361.
[20] Como anota Manning, el gesto menor “hace sentir lo indecible en lo decible, pone en un campo de resonancia efectos que de lo contrario permanecerían en el fondo de la experiencia. Es la fuerza-de-avance capaz de transportar la tonalidad afectiva de la resonancia no consciente y llevarla hacia la articulación […] de nuevos modos de existencia” (Manning. El gesto, 24).
[21] Deleuze y Guattari, Mil Mesetas
[22] Souriau, Los diferentes, 204 – 205
[23] Derrida, La Bestia y el soberano, 323-24.
Ponencia presentada en el XLI Coloquio Internacional «Modelo para ensamblar: Responder al siglo XXI». 17, Instituto de Estudios Críticos, mesa posgrados. 30 de junio de 2026.