Postales de Leningrado y Detroit’s Rivera: archivos cinematográficos y devenires crítico-creativos

La película Postales de Leningrado (Mariana Rondón, 2007) y el cortometraje documental Detroit’s Rivera (Julio Ramos, 2017) constituyen ensamblajes de enunciación colectiva, pero, más que decir algo, hacen cosas: afectan. El trabajo minucioso de recuperación de archivo en la obra de Ramos dialoga de manera potente con la fabulación especulativa de Rendón. El juego de corte y pega (la conformación de un collage entendido como re-emsamblaje/ re-membranza) del documental moviliza afectos que, desde nuestra localización espacio-temporal pueden generar lecturas críticas y potenciantes. La máquina re/productiva capitalista (fordista) aparece en su forma más directa: el avance tecnocientífico íntimamente ligado a la sexualización y racialización de cuerpos y la explotación de territorios. Obturación de potencias, cortes problemáticos de agencias. El mismo Rivera participa de ese corte problemático, su práctica artística está también capturada en la demanda capitalista, el trabajo como mutilación, el agenciamento máquina de trabajoque hace de las armas herramientas. Siguiendo a Deleuze y Guattari, “los afectos son proyectiles… Las armas son afectos, y los afectos armas”  (Mil Mesetas, 402) contra el Estado y la axiomática capitalista. Pero Rivera no tiene proyecto, se mueve en el mundo de los signos y representa la grandeza de la técnica en un formato de igualmente grandes dimensiones mientras Frida Khalo, al margen, practica un arte menor: un movimiento nomádico posible en su modo de agenciarse con la materialidad del espacio (Detroit) y su cuerpo (gestante). Su cuerpo desmembrado es también la potencia de la desterritorialización, de “desterrotorializarse a uno mismo renunciando” (Mil Mesetas, 361), ahí donde se hacen posibles otra justicia, otro movimiento, otro espacio-tiempo.

Pero el mismo Ramos participa de otra potencia: su collage re-membra en el sentido que conecta relaciones que habían sido desmembradas en los archivos oficiales (las noticias de los movimientos sindicales y su criminalización, el extractivismo y la explotación del caucho y de quienes lo trabajan, mutilando selvas, árboles y cuerpos y las líneas de producción tecnologíca y armamentista). El documental se agencia así como una máquina de guerra. “Contra los aparatos que se apoderan de las máquinas, y que convierten a las guerras en su problema y objetivo, se constituyen máquinas de guerra: frente a la conjunción de los aparatos de captura o de dominación, esgrimen conexiones” (422). En este sentido, la práctica crítica-creativa es una práctica siempre relacional e instauradora de relaciones, contra el déficit relacional del archivo como aparato estatal y su des/memoria.

Postales de Leningrado, Mariana Rondón, 2007.

Por su parte, Mariana Rondón nos invita a mirar de nuevo la historia (esa historia que nos es tan cercana en estos países: la desaparición forzada, la tortura, el genocidio) desde la desfamiliarización o la extrañeza, un devenir-niño de nuestra percepción domesticada por el mismo sistema. Una línea de errancia que se separa del trayecto habitual (las formas ya capturadas de decir) para “unirse a fuerzas del futuro, a fuerzas cósmicas… en las líneas motrices, gestuales, sonoras que marcan el recorrido habitual de un niño, se insertan o brotan, líneas de errancia, con bucles, nudos, velocidades, movimientos, gestos y sonoridades diferentes” (Mil Mesetas, 318). No se trata ya de un ejercicio de recuperar historias o visibilizar lo que ha sido negado sino de instaurar otros modos de existencia a partir de renovadas alianzas, hacernos unes a otres capaces y re/generar vecindades de la extrañeza. Compartir la incomprensión recordando que la indecibilidad descoloca y multiplica las oportunidades para la experimentación. Responsabilizarse implica repensar lo que entendemos por pensamiento, y la falta de correspondencia requiere pensar vacilando (Despret, A la salud de los muertos) y de la imaginación radical, la fabulación crítica (Hartman, Venus en dos actos) y especulativa (Haraway, Seguir con el problema) de nuevos devenires en el caos del mundo. «Es el pensamiento el que requiere al pensador», decían Deleuze y Guattari (¿Qué es la filosofía? 69). Activar, agenciándonos con los collages de Ramos y los devenires-niñe de Rondón, prácticas nomádicas de escucha atenta, propiciar colectividades tecnonaturoculturales, hibridaciones, registros de diversas velocidades, ritmos, des/tempos. Disponerse a los encuentros y sus afectos: mutación de la función deseante, flujos de posibilidad.


Imagen de portada: fotograma de Detroit’s Rivera, Julio Ramos, 2017.

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