XIV

Qué inoportuna tu presencia

Y la presencia de tu aliento

Lleno de palabras dulces

Los sueños en que sos tan cercano

Y los recuerdos casi palpables.

Ojalá no estuvieras aquí

Ni en ninguna parte

Ojalá tu existencia fuera fantástica

Simplemente un poema épico

Un personaje difuso en un friso derruido

Quisiera que fueras una estatua

O un monstruo medieval

Un caballero sobre un dragón

O un rey con una poderosa espada,

Nada más que parte de una leyenda

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XIII

Yo soy la inmovilidad,

Soy un pedazo de tiempo hecho espacio

Soy sensibilidad,

soy una piedra flotando en el vacío.

Puedo también ser un grito

Nada más que un grito que se esparce

Un gesto hecho mueca

Y un corazón expansivo.

Soy madre y soy huérfana

Una herida sin sanar

Un par de ojos de cristal que se quiebran a diario.

El perfume de tu espacio se hace espeso,

El calor de tu pecho se convierte en un par de pies fríos.

Las noches no se callan,

Las nubes no se pierden en su silencio.

La soledad no termina de vaciarse

–al contrario-.

Soy la ligereza del viento y la eternidad,

Soy una llama palpitante,

Unas manos,

un par de senos,

Un útero extirpado,

unos muslos congelados.

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XII

Cuando todo se queda en silencio

Me gusta quedarme inmóvil

Sintiendo mi corazón palpitar

Y escuchando mi respiración.

De vez en cuando logro oír el aire de afuera

O los autos que pasan.

Todo parece tan simple entonces,

Tan sencillo y suave,

Casi sublime.

Me convierto en nadie, o en nada,

Y me doy cuenta de mi existencia

Mi yo aquí, ahora.

Mi soledad es lo único que tengo

Y con ella esta deliciosa intimidad.

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XI

Camino descalza sobre los pedazos que dejaste.

Están regados por todas partes.

Me paseo por un rato,

los voy pateando para hacerme espacio,

limpio un poco el camino,

intento seguir sin el riesgo de lastimarme.

Voy encontrando pedacitos de risas tuyas,

migajas de miradas,

polvo de hijo,

trocitos de mi corazón.

También logro distinguir

canciones y poesías entre los escombros.

Y todo parece disiparse a ratos,

pero luego me invade un miedo enorme

a seguir avanzando,

a dejarlo todo atrás.

Algunas veces he intentado

juntar unas cuantas piezas,

armar algo de nuevo.

Otras, simplemente,

me quedo mirándolas por horas

juego con ellas entre mis dedos,

aunque generalmente me cortan

y termino sangrando un poco…

Luego las coloco donde estaban

cuidadosamente,

e intento continuar.

Siempre se repite la acción

–la operación-,

y me quedo allí atascada.

No es debilidad, no soy inútil,

es que no quiero irme,

pues a pesar de ser sólo pedazos,

son los pedazos de sueños,

de historias insuperables,

lo único que sé del amor…

Y no sé,

tal vez un día de estos pasés por allí

y no intentés asfixiarme.


2003 Imagen: Sarah Moon

III

Estoy enojada

No contigo,

ni conmigo

Sólo estoy llena de rabia

Una rabia enorme y dolorosa

Quizá contra la vida

Contra un dios inexistente

que no puede hacer nada al respecto

Con la geografía

Con la música

Con la historia

Estoy enojada con el tiempo

Con el silencio

Con el vacío

Estoy enojada con nosotros, es cierto,

Porque nos hemos dejado

Porque permitimos que nos pasara esto.

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II (VALHALLA)

El valle de Valhalla se ha quedado desierto.

Las Walkyrias, una a una, se han desvanecido.

El cielo es rojo, más bien corinto.

Los caballeros dejaron su armadura en el camino,

antes de llegar a la batalla,

y se lanzaron a su muerte con extraña decisión.

Volkar, el juglar, entonó una canción

luego de que las murallas se hicieran polvo.

Tú te quedaste por allí, en alguna parte,

enterrado debajo de nuestros sueños,

ensangrentado,

atravezado por la espada de nuestro amor,

y totalmente cegado por el recuerdo

de un hijo que aún

juega en los alrededores.


2003

Imagen: Sally Mann

ENCIERRO

El encierro es seguro.

Al menos no hay tanto frío adentro,

o la costumbre lo hace menos perceptible,

los huesos se van aclimatando.

Tengo el presentimiento de que la muerte está cada día más cerca,

siento su sombra aproximarse, pero ahora mismo es lo de menos.

La soledad ha sido suficiente.

La tristeza no tiene otro final. Ya es hora. 

He decepcionado a muchas personas,

pero sobre todo me he decepcionado a mí misma.

Estoy cansada. 

Cuando amaneció recordé lo que había pasado,

todo lo que había estado pasando los últimos años.

Las lágrimas se me salieron a chorros.

El nudo en la garganta parecía apretarse más cada día.

Eventualmente iba a terminar por cortarme la respiración.

Ya no creo en nada. He perdido la fe en la vida.

No tengo nada y poco a poco me he ido perdiendo a mí misma.

Es ya demasiado tarde para seguir en las mismas.

No queda nada.

Cuando amaneció me di cuenta

que realmente no tenía ganas de levantarme,

y no puede encontrar, por primera vez,

ninguna razón para hacerlo.

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GRASA SATURADA

I

–No azúcar, no harina, no carnes rojas, no calorías (los lácteos son veneno), nada de grasa saturada–. Se sirvió el almuerzo con delicadeza y se sentó delante de él. Inmediatamente se congeló; se quedó prácticamente inerte, como quitándole breves instantes al tiempo. Descuartizando las horas una por una. Al volver del letargo tomó con precisión el tenedor y partió por la mitad la rodaja de tomate que yacía en su plato. Se llevó un trozo a la boca y al instante empezó a contar las veces que lo masticaba. Dejó el resto en el plato. Salió de la cocina.

Los papeles, resultado del trabajo literario de los últimos años, cumplían la función de alfombra en la sala del departamento. Caminó con descuido sobre ellos, desordenándolos un poco, sin verlos, ignorándolos intencionalmente. La luz que entraba por la ventana se reflejaba en el suelo blanco, obligándola a cerrar un poco los ojos. Se dirigió al baño, pero se detuvo un momento delante de la puerta observando una pequeña fila de hormigas que escalaba por el marco formando un rizoma. Entró. Se miró al espejo y comenzó a hacerse muecas, intentando descubrir rasgos conocidos en su rostro, se recogió el cabello y se limpió con los dedos amargos el delineador del día anterior. Al salir del baño dirigió a la ventana, analizándola, sin ver más allá de las minúsculas gotas de pintura que se extendían sobre el vidrio. “¿Existe algo entre el amor y el abandono? ¿Qué sentido tiene seguir contemplando la soledad del otro? ¿Estamos acaso viéndonos la transparencia? ¿Para qué no cubrimos del frío si tenemos frío el corazón? ¿Queremos más? ¿Necesitamos menos? ¿Para qué avergonzarnos? ¿Por qué? ¿Acaso no nos gusta? ¿Acaso no ansiamos las más extravagantes caricias? ¿Dónde exactamente el bien se convierte en mal? ¿Qué tan adentro?”

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SOLEDAD

Yo no tengo soledades concurridas ni miedos de princesa abandonada,

no tengo una pizca de paredes gigantescas, ni lunas con leche.

Te dibujo, pero ya no soy artista. 

Te escribo; pero ya no puedo sostener la pluma. 

Mi soledad está cubierta de húmeda poesía, de cartas con rojo,

de cafés que se enfrían, de bares con horas interminables,

con las mismas canciones de fondo.

Ya mi soledad se rebalsa, cubre todo, por fuera y por dentro;

dejándote nada de espacio.

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