Soy el invierno, soy el vino,
el humo, y las palabras tristes.
La falta de sueño,
la remembranza permanente.
La casa perdida en el bosque oscuro,
el corazón seco.
Es por vos…
Pero no es tu culpa.
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Soy el invierno, soy el vino,
el humo, y las palabras tristes.
La falta de sueño,
la remembranza permanente.
La casa perdida en el bosque oscuro,
el corazón seco.
Es por vos…
Pero no es tu culpa.
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Te imagino caminando en esas calles desérticas gigantescas como en escenas rápidas y entrecortadas, la imagen es granulosa y opaca. Los autos pasan y vos estás atrás como perdido, viendo hacia todas partes. El soundtrack es una melodía medio nostálgica en piano y acordeón. Pero no es lenta. Vos tenés la barba y el pelo crecidos. El viento te tiene despeinado. Te ves más flaco. Cerrás los ojos, levantás la cara. Sentís que el calor se convierte en brisa, sonreís. Por un momento te sentiste etéreo. Te dio la impresión de ser transparente y te hizo gracia pensar en tu repentina desaparición. A pesar de todo, esa eteriedad te hizo mas sensible y empezaste a escuchar las voces de todos los transeúntes y los automovilistas. Incluso oíste la barredora que pasaba en la otra cuadra y las copas chocándose en el café de la esquina. Al rato empezaste a oír este soundtrack. Y no querías que terminara. Deseabas quedarte así, allí, para siempre. Pero Para Siempre no existe, Para Siempre se acabó en los libros del Siglo XIX; se lo gastaron, lo partieron en pedacitos y se lo comieron completo. Entonces sólo te queda tomar un respiro profundo. Seguir caminando, tratando inútilmente de obviar el olor a fritura y el vapor que exhala el pavimento. Sabés que no va a durar para siempre -Para Siempre no existe-. Y estás contento, al menos tranquilo de saber que no era cierto, que no es una rutina y que a pesar de todo, cualquier día, un día cualquiera, en cualquier parte, podés pararte y dar un sorbo de eteriedad.
Resulta que la famosa loba que alimentó a los gemelos Rómulo y Remo, no era realmente una loba, sino una mujer que engañaba a su marido, una «cualquiera», decían en su pueblo, a la que, por lo mismo, apodaban «la loba». Pero tenía nombre: Acca Larienta. Rómulo y Remo eran, así, los hijos de una villanoviana, de los primeros habitantes de Italia, a quién su padre habia obligado a permanecer en una especie de convento, como sacerdotesa de la diosa Vesta, hasta que, como escribe Montanelli, «un dia, el dios Marte, que vagaba por el mundo buscando problemas, se la encontró durmiendo a la orilla del lago y sin despertarla, la dejó preñada de los gemelos». El padre de ella, al enterarse, la obligó a deshacerse de los pequeños. Los colocó dentro de un cesto y los dejó en el río para que la corriente se los llevara. Y entonces sí, una loba de verdad los encontró, etc, etc. Pero tampoco es tan cierta esta parte de la historia.
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A veces te pienso en otro espacio.
En un tiempo inexistente, no en el pasado, ni en un posible futuro,
simplemente allí, callado y sereno.
A veces te veo la sonrisa,
esa sonrisa que contrastaba con tus ojos tristes.
A veces me da un poco de nostalgia pensarte,
otras veces todavía me sonrío al hacerlo.
Ha habido momentos en los que he pensado que me gustaría haber estado allí…
Aparecés y desaparecés.
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No regresará nunca.
Nuestro amor está muerto, tan muerto, y aún duele, a ratos duele.
Nos lamentamos cada uno en su soledad, en silencio.
A veces ambos lamentos, estoy segura, suceden en el mismo momento.
Pero un suspiro silencioso se los lleva, impidiéndoles siquiera acercarse.
El tiempo se encargara del olvido.
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No tengo idea de dónde estas ahora mismo,
lo que estas haciendo, o pensando.
Me gustaría transportarme, teletransportarme, desdoblarme,
volverme un fantasma volador mecanizado
que pueda llegar a vos sin que vos ni nadie se dé cuenta.
Y verte.
Verte de lejos y pensar lo que estás pensando,
sentir lo que estás sintiendo.
No tengo nada nuevo que contarte.
Me gustaría tener toda una historia detrás de mí sólo para contártela.
¿Vamos a regresar un día para reparar las bicicletas?
Mi felicidad está por momentos fuera de contexto.
Pero cuál es tu contexto, o nuestro contexto.
¿Acaso tenemos uno fuera de los sueños y los recuerdos borrosos?
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Cuando te veo es como si estuviera viendo un fantasma,
un fantasma que te toca desde lejos y te engaña con sus ojos fríos,
un fantasma que se mete en mi habitación en la madrugada
y me acaricia la sangre.
Y lo borra todo; es capaz de arrancarlo todo desde la raíz.
Apaga la luz, se roba las sensaciones
y las sustituye por sentimientos y pensamientos infinitos.
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Espérame
Espérame detrás de los años que vienen -después-
En la estación a la que llegará este tren al que apenas me he subido.
Espérame cuando me despierte
después de los viajes y esta aparente felicidad
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Para matarme bastaría una mentira
Una mentira a medias
Una mentira a secas.
Para mantenerme viva basta una mirada
Una mirada directa
Brillante
Profunda
Mirada que explota
Que brota
Acaudalada
De tus ojos.
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Soñaba
Me sentaba a soñar
Me acostaba a soñar
Caminaba, pensaba, gritaba, jugaba a soñar
Otra vida
Una afuera
Una distinta
Una en otra parte
En otro tiempo
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No he escrito nada
Es preocupante
Se me acabó de golpe la soledad
La nostalgia
La tristeza
Y la falta de sueño.
Las noches llegan rápido
Y los amaneceres son tibios
Y acompañados.
Las tardes ya sólo llueven lluvia
Y el silencio pinta sonrisas silenciosas
Nada más.
Es sólo que no he escrito nada
A ratos parece que puedo prescindir de ello.
No pasa nada
Pero no se suponía que dejara de hacerlo.
Que egoísta que he sido
cuán superflua –tonta–
Ignorándo lo sublime de la verdad
pasando sobre el equilibrio de lo objetivo y subjetivo
te hace pensar, al menos por un rato, que nada más importa.
te da la impresión de que no ha existido ni va existir otra cosa.
y te ponés contenta.
todo es tan frágil, a pesar de que te sentís tan fuerte.
la gente llega y se va.
pensar que no habrá después nada más,
o convencerte de que va a durar para siempre (pero Para Siempre no existe).
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Eras mis citas diarias
llenas de profundas
y divertidas conversaciones imaginarias.
Te convertiste en mi amo, y yo en tu esclava
y la del tiempo que pasaba esperandote.
Eras la literatura, la musica,
la noche, las mañanas tranquilas.
Te decia a diario que te queria,
te abrazaba por horas, y las alargaba.
Caminaba sobre nuestros pasos,
y regresaba una y otra vez.
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Los recuerdos se irán borrando. Uno a uno, desapareciendo en el vacuo infinito de la memoria. Las sensaciones se pierden, los olores se confunden hasta acabarse. Hacía tanto tiempo que no alzaba la cara, que olvidé el cielo… Las luces no tienen forma. Las notas se hicieron líquidas y efímeras. Pensábamos que todo estaría bien… Creí que saldría bien. Los riesgos se aparecen en el camino, el peligro acecha celoso a la orilla del camino, haciéndose a cada paso más grande, más fuerte. Y luego viene la calma, la calma dolorosa del silencio y la soledad. Nunca quise que acabara de esta manera, quién iba a quererlo… Sigo acumulando muertes en mi historial, porque la muerte no es una sola sino una secuencia de finales que se van acumulando a lo largo de esto que llamamos vida. Debí quedarme más tiempo, debí quedarme. De alguna manera me las he arreglado para, después de una muerte, volver a las circunstancias que me llevaron en primer lugar a acabar muriendo. No necesito a nadie, todo va a estar bien. No me arrepiento de nada. Pero debí quedarme. Para qué regresar. Con el tiempo todo parece ablandarse. El dolor de antaño parece ser un pequeño rasguño, como si los meses de amargo sufrimiento se hubieran convertido en una vieja picadura. El pasado acumula imágenes silenciosas en el archivo del abandono. Abrazame un rato y dejame irme primero; decidirlo por mi misma, no como derrota. No tengo ya corazón para nadie, si es que aún queda algo acá dentro. Estoy agotada. La muerte trae una nueva vida. Cada nacimiento requiere de un desprendimiento.
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Más allá que el silencio nocturno
Y más profundo que mi océano interior.
Aún más excelso que nuestras noches.
Tan intenso como el amanecer contigo
Y brillante como la arena de mis sueños.
Estás sobre todo y sos más todavía.
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El desierto, la noche, el viento.
Despierto. No hay nada.
Nada a mi alrededor…
Cuando cierro los ojos
se me dibuja en el rostro
una pequeña sonrisa
porque te estoy viendo.
Tengo los zapatos cansados,
y los anteojos.
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Esfumate…
Me duele tu recuerdo
y me pesa tu ausencia.
Me tenés débil e imposibilitada.
Me dejaste toda triste, solitaria y mojada.
Dejá de me meterte en cada respiro.
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La música sube de tono y se vuelve más melancólica,
más dolorosa.
Cada vez se me aprieta más en la garganta.
Cada vez me estrecha más fuerte
y hunde su dolor en mi pecho.
Las voces son la tuya, las notas son tus ojos,
el ritmo tus movimientos.
La luz es tu mirada y la lluvia tu sonrisa triste.
Las nubes son tu barba y el viento tu cabello largo.
Tus abrazos son cada canción y cada letra tus palabras.
No voy a curarme.
Me siento y te espero.
Te llamo, quizás debería gritar más fuerte.
Te quiero, tal vez debería esforzarme por dejar de hacerlo.
La música continúa sonando. No creo que vaya a detenerse.
Aumenta su volumen, su ritmo se acelera.
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Las palabras son insuficientes y demasiado silenciosas para decírtelo.
Miríadas de estrellas forman tu rostro y escriben tu nombre.
Luego se desarman y caen quebradas;
deslumbradas por tu mirada.
Tu voz podría sanar a un muerto,
por ti el viento tiene oídos.
Los sueños me traen noticias tuyas cada noche.
Espero que te lleven noticias mías de vez en cuando.
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